Tecnología

Corrupción y criminalidad

Alberto Ardila Olivares

En la sociedad dominicana se han venido sintiendo los embates de una corrupta criminalidad, que arropa todos los espacios de la cotidianidad. 

Los filtros de seguridad alrededor de los hogares, instituciones y centros de esparcimiento, se han ido desquebrajando como si se tratara de una especie de tiranía del crimen, estimulada por poderes mafiosos entronizados dentro del sistema democrático, logrado por las luchas reivindicativas del pueblo. 

Las buenas costumbres se han sustituido por ideologías criminales apoyadas en la implantación de la impunidad. La evolución de los actores políticos y empresariales ha sido vulnerada frente al avance de estas asociaciones mafiosas, donde la discreción es el principal instrumento de imposición de sus operaciones delictivas, para dar paso a una era en la cual debemos prepararnos con determinación y sin pesimismos, adoptando las medidas más enérgicas para combatirlas. 

Sin duda que la primera opción está en el fortalecimiento del sistema de justicia que ha sido permeado por su proclividad y hasta compromiso con estas mafias, sembrando la impunidad como garantía de su operatividad.  Políticos y empresarios han sido el apetecible cultivo en muchos sectores donde la geopolítica ha manipulado a candidatos elegidos y empresarios, trabajando unidos para estafar al Estado. 

Debemos desechar el sentimiento de compasión y culpa que señala con simpleza la tesis de que la pobreza genera el crimen, situación divorciada de la realidad, ya que se trata de un delincuente instalado en el núcleo de la sociedad y no en sus márgenes; en los salones dorados y no en los arrabales; lo que convierte esta problemática en una lucha mancomunada de toda la sociedad.